Desde nuestra clínica dental en Valencia centro, vamos a tratar una de las cuestiones que más se plantean en internet, «se me han caído mis implantes dentales, ¿qué puedo hacer?» Y es que, la mayoría de las situaciones que pueden ocurrir con los implantes dentales son menores y, generalmente, suelen ser inconvenientes fáciles de resolver que problemas graves. En este sentido, es posible afirmar que es muy raro que se caiga un implante, pero ¿qué debemos hacer cuando esto ocurre?
De acuerdo con las estadísticas recogidas en la actualidad, la tasa de rechazo de un implante dental va del 3% al 5%. En los casos en que sucede este problema, el implante se mueve o se cae durante los primeros 3 meses. Por esta razón, es imprescindible que la persona se someta a una continua revisión con el especialista que le haya hecho el tratamiento.
Aunque se hable de rechazo, en la gran mayoría de los casos no existe un problema con el material en que está fabricado el implante. El titanio con el que se fabrican es un material totalmente biocompatible que es aceptado perfectamente por el cuerpo humano.
Índice
¿Por qué se cae un implante dental?
Aunque existen múltiples razones que justifiquen este lamentable hecho, principalmente las causas que originan este inconveniente son las siguientes:
Una infección
Lo más probable es que existiera una infección en el hueso de la mandíbula, causada por el diente perdido, justo en el lugar que va el implante. Probablemente, hayas tenido un absceso en la pieza dental y cuando el odontólogo lo extrae, el organismo no ha tenido el tiempo o la capacidad para resolver completamente la infección. Al meter el implante puede reactivarse la infección. En consecuencia, cuando se coloca el implante, las bacterias pueden interferir la curación y ocasiona el rechazo. Lo recomendable es tratar cualquier problema de salud bucal, antes de proceder a este tratamiento.
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Falta de hueso
Si el paciente no posee suficiente hueso en cantidad o calidad, el implante podría no tener la base necesaria para fijarse con rigidez y se producen pequeños movimientos.
La implantación requiere de una perforación en el hueso, con el fin de atornillar el implante. Por lo tanto, lo único que sostiene este elemento es la rosca del tornillo y comienza el proceso de oseointegración que ancla por completo el diente sustituto. Este proceso requiere de total inmovilidad durante 2-3 meses después de la cirugía.
Si el tejido óseo es muy frágil, suave o demasiado escaso, el implante no está totalmente inmóvil y fracasa el proceso de osteointegración, dando lugar al temido rechazo.

Riego sanguíneo
El pobre suministro de sangre pasa por varias causas. Si el hueso de la mandíbula resulta muy denso suele tener los vasos sanguíneos pequeños, lo cual se traduce en una irrigación de sangre muy escasa, haciendo que la curación demore y termine por fracasar.
Al principio, los resultados son engañosos, incluso, hasta tres meses después de la operación. No obstante, el implante nunca llegó a fusionarse con el hueso.
Es frecuente que los implantes colocados en la zona anterior de la mandíbula tengan mala irrigación sanguínea. También tienen peor riego los pacientes de edad avanzada y especialmente los fumadores.
La pérdida de un implante por fracaso de la integración no es un problema demasiado grave. Únicamente supone un inconveniente en cuanto a los tiempos. La solución será colocar un nuevo implante, y esperar otra vez los 2-3 meses necesarios. Aunque haya fracasado un implante, el nuevo implante tiene altas probabilidades de funcionar perfectamente. Tendremo eso sí, más paciencia y cuidado, para reducir cualquier factor de riesgo: esperaremos a que se cure la infección si la hubiera, pediremos al paciente que deje de fumar, esperaremos el tiempo necesario para la integración, etc.
El fracaso de implantes no es frecuente pero es algo que puede ocurrir de vez en cuando. No tiene consecuencias graves y tiene fácil solución. Por ende, vale la pena ponerse en manos de los profesionales adecuados y confiar en su criterio
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